El retorno del régimen constituticional en el país en los años 80 trajo aparejado el surgimiento de un despertar en una cinematografía distinta.
Uno de los protagonistas de esta historia fue Eliseo Subiela, que en la madrugada de la Navidad falleció a los 71 años.
Subiela, docente, guionista y director, debutó con la película “La conquista del paraíso” (1980), pero saltó a la consideración con el filme “Hombre Mirando al Sudeste” (1986), que fue un gran éxito y trascendió las fronteras. También significó para el actor de esa película, Hugo Soto, un reconocimiento inesperado.
Cerca de 20 películas rodó a lo largo de sus más de 50 años en la profesión.
Después dirigió “Últimas imágenes del naufragio” (1989) y su siguiente realización volvió a codearlo con los laureles de la victoria: “El lado oscuro del corazón” (1992).
Su filmografía incluye “Pequeños milagros” (1997), “Despabílate amor” (1996) y “No te mueras sin decirme adónde vas” (1995), entre otras.
Subiela, quien había sufrido un infarto hace tres meses y estaba trabajando en una nueva película, cuyo título tentativo era “Corte final”, falleció en el barrio porteño de San Isidro.
Particularidad
Al igual que unos pocos realizadores argentinos, Subiela introdujo en sus películas la fantasía y la ciencia ficción como elementos, una particularidad que puede verse en películas suyas como la memorable “Hombre Mirando al Sudeste “(1986), que tuvo repercusiones a nivel internacional, y “El lado oscuro del corazón (1992), de la que se hizo una secuela en 2001.
A lo largo de su carrera, se adaptó a los distintos formatos del cine, lo que lo llevó a realizar películas en formato digital.
Subiela también trabajó en series de televisión para Canal A y con telefilms como “Qué risa la muerte” (2002), “El destino de Angélica” (2002), “Relaciones carnales” (2002) y “Ángel” (2002), entre otros.
Inicios
Comenzó en 1963 con “Un largo silencio” -un cortometraje en blanco y negro sobre el Hospital Borda-, y, tras tener poca actividad durante los años 70, volvió a la carga en 1981 con “La conquista del desierto”, con Arturo Puig como protagonista. Cinco años después llegaba su gran filme “Hombre mirando al sudeste”, que la crítica jamás dudó en ubicarla dentro de las mejores 10 películas de la historia del cine nacional.
“El pecado capital que puede cometer un cineasta es aburrir”, había declarado en una de sus últimas entrevistas, revalorizando al cine como entretenimiento, pero lejos de la banalidad.
En septiembre se asustó con el infarto, pero lo hizo recapacitar sobre sus hábitos y lo había ayudado a perderle el miedo a la muerte, según él mismo confesó en una entrevista en “Clarín”: “El infarto fue una de las mejores cosas que me pasó en la vida. Es un trabajo insalubre el cine. Yo entendí la señal y cambié todo, hago actividad física”.
Recuperado, se había embarcado en un nuevo proyecto: la realización de “Corte Final,” un filme que sería un homenaje a la pantalla grande. Los actores elegidos eran Miguel Ángel Solá y Selva Alemán.